
Quien visita Formigal, uno de los destinos más emblemáticos del Pirineo Aragonés, no solo encuentra nieve, praderas y cumbres imponentes. También pisa un territorio lleno de historias antiguas, nacidas cuando la montaña hablaba y los dioses caminaban entre los valles. Para quienes se alojan en Jaca, a pocos kilómetros, descubrir estas leyendas es una experiencia imprescindible durante su estancia en un hotel en Jaca centro.
Cuenta la leyenda que Anayet y Arafita eran los dioses más humildes del Pirineo. No poseían grandes bosques ni ricos pastos; sus montañas eran sencillas y sus caminos, hoy recorridos por senderistas y amantes de la naturaleza, servían antaño de paso para contrabandistas. A pesar de todo, vivían felices, porque tenían el mayor de los tesoros: su hija Culibillas.
Culibillas era bella, pero sobre todo buena. Amaba la naturaleza tal y como hoy la disfrutan quienes realizan una escapada al Pirineo Aragonés: los corderos que pastan en verano, el verde intenso de los valles y el blanco eterno de los glaciares. Sentía un cariño especial por unas pequeñas hormigas blancas que cubrían la montaña durante los meses cálidos, y fue ella quien dio nombre al lugar: Formigal, que en aragonés significa “hormiguero”.
La calma se rompió cuando Balaitús, el dios más poderoso y temido del Pirineo, se enamoró de Culibillas. Señor de las tormentas y del trueno, nadie se atrevía a contradecirlo. Pero Culibillas lo rechazó, como había hecho con otros dioses, y ese desprecio desató su furia. Juró raptarla sin importar las consecuencias.
Cuando Balaitús llegó para cumplir su amenaza, las montañas guardaron silencio. Nadie parecía capaz de enfrentarse a él. Desesperada, Culibillas lanzó un último grito:
¡A mí las hormigas!
Entonces ocurrió el milagro. Miles de hormigas blancas acudieron desde todos los rincones del Pirineo Aragonés y cubrieron su cuerpo, protegiéndola. Balaitús, aterrorizado, huyó dejando atrás su orgullo y su poder.
Como gesto de amor y gratitud, Culibillas se clavó un puñal en el pecho para guardar allí, junto a su corazón, a todas las hormigas blancas. Ese lugar es conocido hoy como el Forato de Formigal, un rincón que muchos visitantes buscan durante sus rutas por el valle, especialmente quienes se alojan en hoteles en Jaca y desean descubrir qué ver en los alrededores.
Dicen los habitantes de la zona que desde entonces ya no hay hormigas blancas en Formigal. Todas viven para siempre en el corazón de Culibillas, cuidando la montaña que hoy disfrutamos quienes elegimos Jaca como punto de partida para conocer el Pirineo y descansar en un alojamiento en Jaca centro, tranquilo y bien ubicado.
Descubrir leyendas como la de Culibillas y Formigal forma parte del encanto de una escapada al Pirineo Aragonés. Alojarse en Jaca, bien comunicada y con todos los servicios, permite explorar cómodamente estos paisajes y volver al final del día a descansar. Nuestro hotel de 2 estrellas en Jaca centro es el punto de partida ideal para conocer el Pirineo, disfrutar de su historia, su naturaleza y vivir la montaña con calma.